México tiene su primera Presidenta, pero miles aún se elogian desde la «machósfera»

Entre rituales, gestos y dinámicas de reafirmación masculina, burlas contra madres solteras y discursos que presentan a las mujeres como amenaza, las conferencias de El Temach revelan cómo en distintos espacios prolifera el crecimiento de la machósfera en México, mientras el país vive un momento histórico con su primera Presidenta mujer.

Blanca Juárez y Romina Gándara |Foto: Facebook El Temach| Ciudad de México, 23 de mayo 2026 – 12:05 am (SinEmbargo).- Mientras México vive un momento histórico con su primera Presidenta mujer, en distintos espacios públicos y digitales siguen proliferando discursos, foros y figuras que alimentan expresiones machistas y misóginas bajo el disfraz de la superación personal o el “desarrollo masculino”. En auditorios llenos, miles de hombres replican narrativas que colocan a las mujeres como enemigas, responsables de las frustraciones afectivas masculinas o símbolos de una supuesta decadencia social.

Eso mismo ocurrió hace unos días en la Ciudad de México. En una sala repleta de testosterona, entre la oscuridad y las luces apagadas, cientos de hombres inflan el pecho, abren las fosas nasales y empiezan a emitir sonidos guturales, como los de unos primates: “uh, uh, uh”, “grrr”, gritaban mientras alzaban los puños. Una atmósfera cargada de autovalidación colectiva. ¿Su mentor? Un influencer del que esperan respuestas sobre cómo convertirse en lo que llaman “hombres de alto valor”: Luis Castillejo, o mejor conocido como El Temach.

Dentro del recinto, casi lleno, las mujeres eran pocas: un puñado entre miles de asistentes en un auditorio con un aforo que apenas rebasa las cuatro mil personas. La desproporción era evidente. También el ambiente. Ahí, entre luces tenues y un escenario minimalista con apenas una mesa y una botella de agua, se construía algo que, aunque es vendido como una charla motivacional, funcionaba más como un performance de masculinidad.

—¿Qué les pasó a las mujeres que pasaron de ser esos hermosos seres de luz a perversos seres de oscuridad? —preguntó uno de los asistentes durante la sesión de preguntas y respuestas.

La reacción fue inmediata. Risas, rechiflas y sonidos dispersos rebotaron en la sala. Algunos parecían burlarse; otros celebraban la interrogante. Pero detrás de aquella aparente ironía colectiva flotaba una complicidad masculina. La inquietud de aquel hombre no era expulsada del espacio: era abrazada por él. Desde el escenario, El Temach intentó interrumpirlo. Pero el hombre insistió:

—¿Qué les pasó a las mujeres, por qué pasaron de ser buenas personas a ser malvadas y pervesas? —reiteró el asistente, quien dijo ser abogado, un litigante que trabaja en juzgados. Un hecho que enciende alertas, pues labora en un lugar al que acuden mujeres violentadas en busca de ayuda, mientras él las describe como manipuladoras, mentirosas e histriónicas.

Un ejército en la “machósfera”
Eso solo fue una parte de lo que ocurre en las conferencias en vivo de este influencer, quien en los últimos años ganó popularidad primero con consejos de “ligue” y después como uno de los principales referentes de la llamada “machósfera” en México: un fenómeno digital que mezcla discursos de autosuperación con ideas conservadoras y, en ocasiones, ultraconservadoras sobre las relaciones de pareja, la masculinidad y el comportamiento de las mujeres, constantemente cuestionado y criticado.

Aunque durante la charla el influencer insistía en que no odia a las mujeres, buena parte de su discurso giró alrededor de clasificarlas: las buenas y las malas; las valiosas y las que no merecen atención; las “mujeres sanas” y las “libertinas”. También criticó a quienes las cortejan, a quienes llama “el capitán salva putas”. Dentro de esa narrativa, las madres solteras aparecen como uno de los principales blancos.

—Mi pregunta, Temach… ya me conoces, ya me sigues en Instagram y mi barbería está a tu honor porque tú me salvaste, me tiraste mucho paro. Me ayudaste a dejar una mujer turbia, que es la turbia y la innombrable— dijo otro de los asistentes.

—¿Qué hacía? Nomás para darme una idea de qué tan turbia —respondió El Temach.

—Es mamá soltera… —alcanzó a decir el hombre.

No terminó la frase cuando toda la sala reaccionó al mismo tiempo. El ruido fue inmediato, uniforme, casi ensayado. Miles de hombres respondiendo al unísono ante dos palabras: “mamá soltera”. Silbidos, gritos, risas y burlas inundaron el auditorio. La reacción no necesitó explicación. Todos parecían entender el código compartido.

—No por eso es mala opción —respondió el influencer con sarcasmo. La ironía provocó todavía más risas.

En el auditorios Black Berry, el Temach presentó en días pasados su show llamado SOLO. Foto: Romina Gándara, SinEmbargo
Lo cierto es que no solamente se trata de un influencer hablando de relaciones de pareja, sino una comunidad masculina construyendo como enemigos a mujeres “turbias”, feministas, mujeres “promiscuas”, madres solteras.

Para Alí Siles, investigador del Seminario de Estudios de Género de la UNAM, esa aversión particular hacia las madres solteras revela algo más profundo:

«La crítica feroz hacia las madres solteras implica un montón de posicionamientos ideológicos conservadores […] Existe esta idea de que, si una mujer deja un matrimonio o una relación, entonces queda desvalorizada, convertida casi en una ciudadana de segunda clase. Se ha construido esta imagen de la madre soltera como una persona incapaz de pensar correctamente, dominada por sus pasiones, sin capacidad de juicio, sin capacidad de autocontrol, interesada… en fin”, explica el académico
Y agrega: “El personaje arquetípico de las madres solteras es muy claro y me parece que responde, precisamente, a que él ha identificado que esa es una condición en la que viven muchas mujeres en México. Se ha dado cuenta de que es una circunstancia muy recurrente, muy común, y ha construido una imagen de la madre soltera que resulta funcional para este discurso”, señaló el experto.

Otro de los blancos recurrentes son las mujeres feministas, a quienes el influencer suele describir como «resentidas» por la «ausencia paterna» y parte de un supuesto “adoctrinamiento”.

“Hay otros personajes que el mismo Temach menciona constantemente: las feministas, que para él son mujeres enojadas con los hombres porque no tuvieron un padre. Eso forma parte de su discurso arquetípico y estereotípico sobre lo que es una feminista. También están, perdón por la expresión, ‘las putas’. En realidad, no son figuras novedosas; han existido desde siempre. Más bien, sus personajes de crítica son muy reconocibles, como el ‘capitán salvapatas’”, expone.

El especialista abunda que, en esencia, el discurso de El Temach construye personajes arquetípicos: las madres solteras, las feministas y las mujeres promiscuas. Todas aparecen como amenazas dentro de esta narrativa, y el público ya aprendió a identificarlas. Para Siles, el eje real del discurso gira alrededor de las relaciones heterosexuales tradicionales y de una visión conservadora sobre cómo deben comportarse hombres y mujeres.

“Se reivindican valores masculinos tradicionales como la fuerza, la resistencia, el autocontrol, el liderazgo o la provisión económica”, explica.

Una «reivindicación» peligrosa
Muchos de los asistentes llegan buscando respuestas para heridas personales: rupturas amorosas, rechazos o abandonos. Buscan explicaciones simples para emociones complejos. Ahí encuentran un discurso que convierte experiencias humanas en categorías simples: mujeres buenas y mujeres malas; hombres débiles y hombres de valor. Otros asistentes aseguran que los videos del influencer les ayudaron en procesos de autoestima y superación personal.

Daniel es uno de ellos. Apenas tiene 21 años. De voz tímida, sonrisa nerviosa y respuestas breves, comparte que sigue el contenido del Temach a través de TikTok y decidió ir a su conferencia porque los videos del influencer le ayudaron a ganar seguridad en sí mismo y a relacionarse con otras personas.

“Me ha ayudado a generar seguridad para mí mismo y cómo convivir con las personas, ya que antes era muy penoso y no convivía tanto”, dice el joven, quien asegura que lo que más le atrae del discurso del Temach es “la búsqueda del amor propio”.
Santiago es otro joven. Alto, blanco, sonriente y con una apariencia que rompía parcialmente con el perfil predominante del público. Acudió acompañado de su novia y junto con su amigo, de quien dice que él es el verdadero seguidor del Temach. «Santi” agrega que no consume todo el contenido del influencer, pero que algunos videos sí le resultan atractivos.

“No soy consumidor al 100 por ciento, pero los videos que he visto, hablando de motivación día a día, de cambiar rutinas, es algo que me ha gustado. Vine para vivir la experiencia en vivo y ver qué podía sacar de provecho”, explica.

Aunque muchos hombres aseguran acudir en busca de consejos motivacionales, el evento figura más como un ritual de reafirmación masculina que a una conferencia de superación personal.

Desde varios metros antes de llegar al auditorio puede percibirse esa atmósfera.

Son grupos de jóvenes y adultos caminando hacia el recinto con una estética similar. Camisas ajustadas, algunas marcando músculos; cadenas gruesas colgando del cuello; anillos grandes; brazos tatuados; barbas perfectamente delineadas; cortes militares o cabello muy corto. Algunos llevaban cachuchas. Otros, los menos, caminaban acompañados de mujeres que parecían adaptarse también a esa lógica estética y conservadora que rodea el universo discursivo del influencer.

Óscar acudió junto a su novia. Era la primera vez que asistía a una conferencia en vivo de El Temach. Se le veía satisfecho al salir del evento.

“Fantástica, la verdad. A mí me ayudó mucho. Básicamente me sacó de un lugar al que no quiero volver a regresar. Me ayudó mentalmente, en cosas de autoestima, de superación personal. Yo no creía en mí, entonces le agradezco mucho”, dice.
Al ser cuestionado sobre el discurso que coloca a ciertos tipos de mujeres como figuras negativas —como ocurre con las madres solteras—, Oscar intentó matizar.

“Yo creo que también es un punto de vista propio. No todas van a ser como él lo dice y él mismo lo ha dicho: ‘No todas las mujeres son así’. Solamente hay personas buenas y personas malas”, afirma.

Su novia, sin embargo, evitó fijar una postura contundente. Dijo que necesita conocer más el contenido del influencer antes de emitir una opinión definitiva.

“Me hace falta escuchar más, quizá enfocarme más en la parte de la mujer, porque ahorita vi más el enfoque del hombre. No quisiera dar una postura sin escuchar más de su contenido. Pero sí he visto un buen resultado en él”, comenta mientras señala a su pareja.

La joven reconoce que hay aspectos con los que no coincide.

“Hay cosas en las que quizá no estoy de acuerdo, ni con cómo las comenta”, admitió. Sin embargo, insistió en que, desde su experiencia personal, percibe cambios positivos en su novio.

Detrás del discurso de superación personal, sostiene el catedrático Alí Siles, aparecen valores profundamente conservadores. Porque más que una simple conferencia, aquello funciona como un espectáculo: un performance cuidadosamente construido alrededor de una masculinidad rígida. El hombre proveedor, fuerte y emocionalmente endurecido; la mujer como acompañante, seguidora o amenaza.

¿Y qué opinan de la Presidenta?
El Temach, a lo largo de su performance, se esmera en negar que odia a las mujeres; sin embargo, gran parte de su discurso gira alrededor de clasificarlas: las “tradicionales” y las “libertinas”; las mujeres “de valor” y las que, según esa narrativa, representan peligro para los hombres. Y mucho de eso puede verse reflejado en algunos asistentes.

Uno de ellos es Ricardo, abogado litigante y seguidor del influencer. Durante la conferencia fue quien tomó el micrófono para preguntar por qué “las mujeres pasaron de ser seres de luz a seres de oscuridad”. Entrevistado posteriormente reafirmó buena parte de esa visión sobre los roles de género.

“En estos tiempos, desafortunadamente, las mujeres han cambiado mucho y el problema no es tanto criticarlas, sino tratar de entenderlas. El Temach logró contestar mi pregunta y hacerme entender que el problema no es solamente la mujer, el problema somos todos”, comenta, mientras no deja de moverse, como si evidenciara una marcada ansiedad.

Ricardo expresó nostalgia por una concepción tradicional de las relaciones entre hombres y mujeres.

“Las mujeres de antes eran atentas, serviciales. Había una situación de apoyo y complemento. No se trataba de quién ganaba más. Ella se hacía cargo del hogar, de los hijos, de la familia, y el hombre trabajaba. Había armonía”, afirma.
Y añadió: “La mujer se dejaba cuidar, se dejaba proteger. Se requiere recuperar esa mentalidad de antes, porque se ha criminalizado al machismo, pero el machismo no es malo, permitía un status quo”.

Para él, por ejemplo, la Presidenta Claudia Sheinbaum no representa precisamente el modelo de una “mujer sana”. “Es bien simple: hombres sanos tienen que elegir mujeres sanas y las mujeres tienen que elegir hombres sanos”, afirmó.

—¿Para ti Claudia Sheinbaum es una mujer sana? —se le preguntó.

—No exactamente. Siento que ella hace lo que la política dicta y busca quedar bien con ciertos discursos del momento —respondió.

Y ahondó: “No se trata de si está sana o no está sana. Se trata de que no puedes gobernar solamente para una parte de la población. Por ella también votaron hombres y esos hombres tienen todo el derecho de sentirse representados. Y ahorita, con todas las leyes feministas y misándricas, lo que están haciendo es criminalizar al hombre de una manera brutal, de una manera absurda”

Un crecimiento alarmante
El Temach es una de las figuras más visibles en México de la machósfera —también llamada manosfera o androsfera, término derivado del inglés “manosphere”—. Esta corriente no constituye un movimiento único ni homogéneo, sino un ecosistema digital integrado por contenidos, figuras, comunidades y discursos dirigidos principalmente a hombres, articulados en torno a una misma inquietud: qué significa ser hombre en un contexto donde las masculinidades tradicionales comenzaron a ser cuestionadas.

Alí Siles, investigador del Seminario de Estudios de Género de la UNAM, explica que, aunque las primeras expresiones de esta corriente comenzaron a identificarse desde mediados de los años 2000, el fenómeno creció con la expansión de plataformas como Facebook, YouTube, Twitter, Twitch, Discord y Telegram. Según Siles, la lógica algorítmica de las redes sociales favoreció particularmente este tipo de contenidos.

“Son discursos que generan mucha interacción”, señala.

El crecimiento se intensificó durante la pandemia, cuando el confinamiento disparó el consumo digital y multiplicó la popularidad de varios de estos personajes. Hoy, incluso, algunos especialistas hablan ya de una “machósfera 2.0” o una “postmanósfera”, debido a la manera en que los discursos se diversificaron y radicalizaron.

Y aunque México tiene actualmente a Claudia Sheinbaum como la primera mujer Presidenta del país, estos contenidos continúan creciendo. Para Siles, parte del fenómeno puede entenderse como una reacción frente al avance del feminismo y a los cambios sociales impulsados por las luchas de las mujeres.

“Hay una idea de preservar el orden hegemónico donde lo masculino sigue siendo lo más importante y privilegiado”, afirma.

El investigador consideró que gran parte de estos discursos mantiene una clara sincronía con posturas conservadoras e incluso con corrientes de derecha y ultraderecha. No necesariamente porque hablen de política de manera abierta, sino porque defienden valores tradicionales sobre la familia, las relaciones de pareja, la sexualidad y los roles de género.

“Hay una reafirmación de la autoridad masculina y de una idea tradicional de cómo deben relacionarse hombres y mujeres”, explicó.

Dentro de esos discursos, agregó, el hombre aparece como proveedor, líder y figura de control, mientras que las mujeres son colocadas en posiciones subordinadas o asociadas al cuidado, la obediencia y el acompañamiento. También persiste una visión heteronormativa y binaria, en la que solamente existen hombres y mujeres bajo roles tradicionales, mientras otras identidades o expresiones de género quedan invisibilizadas.

Además, explicó que estos discursos suelen reaccionar contra avances concretos impulsados por los movimientos feministas, como leyes con perspectiva de género, cuotas de representación política o políticas públicas enfocadas en las mujeres.

“Lo que hacen es construir la idea de que ahora los hombres son las víctimas”, afirmó.

En ese relato, agregó, se plantea que el feminismo les quitó derechos a los hombres o que las mujeres poseen privilegios injustos frente a ellos. “Se presenta como si las sociedades fueran misándricas, como si odiaran a los hombres”, señaló.

Para el investigador, detrás de esa narrativa existe una resistencia a perder privilegios históricos masculinos, aunque el discurso no lo plantee abiertamente de esa manera. “Más que decir ‘queremos recuperar privilegios’, lo que hacen es negar que esos privilegios hayan existido”, explicço.

El principal exponente mexicano de esta corriente es El Temach; sin embargo, más allá del contenido de sus mensajes, Siles considera importante observar también cómo funciona el personaje.

En sus conferencias en vivo, ahondó el investigador, el influencer mezcla humor, frases virales, dinámicas con el público y momentos de aparente improvisación que convierten el discurso en entretenimiento. Por momentos, añade, la experiencia se asemeja más a un espectáculo de comedia que a una conferencia tradicional.

“Hay una parte lúdica y de entretenimiento que ayuda a suavizar el discurso”, sostuvo.

Además, señaló que el discurso de El Temach no pertenece de manera estricta a una sola corriente ideológica dentro de la machósfera. Por el contrario, toma elementos de distintas narrativas y las mezcla según lo que mejor conecte con su audiencia. “No hay un mensaje central claramente estructurado […] Es un discurso muy ecléctico”, afirma.

Por momentos, dijo, retoma ideas de grupos masculinistas que hablan sobre supuestos derechos vulnerados de los hombres. En otros casos utiliza elementos de la llamada “red pill”, narrativa que sostiene que los hombres descubren que el mundo en realidad favorece a las mujeres.

También incorpora discursos de coaching motivacional y versiones simplificadas del estoicismo, centradas en el aguante, el autocontrol emocional y la resistencia masculina. “Hacen una amalgama de distintos discursos”, abundó.

Esa mezcla permite que distintos sectores masculinos encuentren algo con qué identificarse: desde hombres que buscan consejos sentimentales hasta quienes sienten frustración, rechazo o enojo frente a los cambios sociales y las nuevas dinámicas de género.

“Muchos hombres se sienten confundidos o ansiosos frente al cuestionamiento de las masculinidades tradicionales”, señaló Siles. “Y estos discursos conectan con esa sensación”.

Para él, el crecimiento de estos discursos revela algo más profundo que el éxito de influencers virales: una reacción cultural frente al avance de las mujeres y al cuestionamiento de estructuras históricas de poder masculino.

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